TOMA DE POSESIÓN
1 ER OBISPO
DE LA DIÓCESIS DEL CARMEN
S.E. MONS FR. ESTEBAM CARD. ROMAN O.DEM
PRESIDE SU EMINENCIA
EMMO. Sr LUIS JOSÉ CARD. RUEDA
NUNCIO
APOSTÓLICO DE HISPANOAMÉRICA
CATEDRAL DEL
NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN
IX.XII.MMXXV
RITOS INICIALES
El Nuncio
Apostólico junto con el nuevo obispo se reúnen en la entrada de la iglesia
con vestimenta coral y los dos besan la cruz, El obispo pasando por la nave
principal rocía con agua bendita al pueblo, terminando entra a la capilla del
santísimo y lo adora por un momento.
Terminando
la adoración los Obispos y los demás concelebrantes se dirigen a la sacristía y
se revisten.
La
celebración inicia con el Nuncio Apostólico.
CANTO DE ENTRADA
Una vez
reunido el pueblo, el Nuncio se dirige al altar con los ministros durante el
canto de entrada.
Cuando
llega al altar, se inclina profundamente con los ministros, besa el altar en
señal de veneración e inciensa la cruz y el altar. A continuación, se dirige
con los ministros a las sillas.
Terminado
el canto de entrada, el sacerdote y los fieles, de pie, se santiguan con la
señal de la cruz, mientras el sacerdote, vuelto hacia el pueblo, dice:
En el
nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
℟. Amén.
La paz esté
con ustedes.
℟. Y con tu espíritu.
LECTURA DE LAS LETRAS APOSTÓLICAS
Uno de los
diáconos muestra las letras apostólicas al colegio de consultores y al
canciller de la curia (quien levanta un acta), o al clero y a los fieles en las
diócesis de nueva creación. Al enseñárselos a ellos, es que el obispo toma
posesión.
Después el
Vicario General o uno de los presentes dan lectura a la bula de nombramiento
desde el ambón y todos escuchan sentados.
SERVVS SERVORVM DEI
Ad Perpetuam Memoriam Dei
A la vista de las necesidades pastorales y con el fin de un crecimiento ordenado del rebaño de Cristo, DECRETAMOS la erección canónica de la Diócesis de Monte Carmelo, dotada de todos los derechos y obligaciones propias de una Iglesia particular. Su territorio, que hasta entonces pertenecía a la Arquidiócesis de Medellín, pasa ahora a integrar esta nueva Diócesis, conservando, sin embargo, el vínculo especial de comunión y dependencia, de modo que la Diócesis de Monte Carmelo permanecerá suburbicaria a la Arquidiócesis de Medellín, conforme a la disciplina de la Santa Iglesia.
Para el gobierno espiritual de esta nueva Diócesis, NOMBRAMOS como Obispo Diocesano al Eminentísimo Cardenal Esteban Román, quien, según la voluntad de Dios y el discernimiento de esta Sede Apostólica, se ha mostrado digno de tal ministerio; y DESIGNAMOS también como Obispo Coadjutor al Eminentísimo Señor Luis José Rueda Cardenal Aparicio. a fin de que, con espíritu de unidad y fidelidad, ambos colaboren en la dirección, santificación y enseñanza del pueblo que les es confiado, manteniendo siempre viva la comunión fraterna con esta Cátedra de Pedro.
Asimismo, DETERMINAMOS que todos los presbíteros, diáconos y seminaristas que, hasta la fecha, ejercen su ministerio o formación en el territorio ahora desmembrado de la Arquidiócesis de Medellín, queden plenamente incardinados en la recién erigida Diócesis de Monte Carmelo. Ordenamos que dichos clérigos y candidatos al sacerdocio sean recibidos con igual dignidad y solicitud pastoral por su nuevo Ordinario, conservando íntegros todos los derechos adquiridos y asumiendo, en adelante, las obligaciones propias de esta nueva Iglesia particular, para el bien espiritual del Pueblo de Dios que se les confía.
Invocamos, finalmente, la maternal intercesión de Nuestra Señora del Monte Carmelo, para que ella presente a su Hijo Jesucristo las súplicas de esta nueva Diócesis, obtenga abundantes gracias para sus fieles y conduzca a todos por el camino de la santidad, de la unidad y de la paz duradera. Que su protección acompañe cada paso de la comunidad y sostenga el ministerio de sus pastores.
Pontifex Maximvs
Todos
aclaman:
Te damos
gracias, Señor.
El Nuncio
Apostólico dirige unas palabras hacia el Arzobispo.
El Nuncio
entrega el Báculo pastoral al Arzobispo y lo invita a sentarse en la Catedra.
SALUDO AL NUEVO ARZOBISPO
Después de
la aclamación, de que se sentó en la cátedra, la primera dignidad del cabildo o
el rector de la iglesia dirigen unas palabras de saludo al nuevo obispo.
Al terminar
las palabras de saludo, una parte del clero y de los fieles, se acercan a la
cátedra para manifestarle obediencia y reverencia al nuevo obispo.
Luego,
omitido el acto penitencial y, si se cree oportuno el Señor ten piedad, el
nuevo obispo, sin mitra y de pie, desde la cátedra invoca el Gloria.
GLORIA
Gloria,
gloria, gloria
a
Dios en el cielo
Y
en la tierra paz a los hombres que ama el señor.
Te
alabamos, te-e bendecimos,
te-e
adoramos te glorifica-a-mos.
Te
damos gracias por tu inmensa gloria,
te
damos gracias por tu inmensa gloria,
señor
Dios rey celestial, Rey celestial,
Dios
Padre todo poderoso.
Te
alabamos, te-e bendecimos,
te-e
adoramos te glorifica-amos.
Señor
hijo único, Jesucristo;
Señor
Dios, cordero de Dios Hijo del Padre.
Te
alabamos, te-e bendecimos,
te-e
adoramos te glorificaa-mos.
Tu
que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
Tu
que quitas el pecado del mundo, a-a-tiende a nuestra suplica.
Tu
que estas sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros.
Porque
solo tú eres santo, solo tú, señor.
Solo
tu altísimo Jesucristo, Jesucristo.
Te
alabamos, te-e bendecimos, te-e adoramos te glorifica-amos.
Con
el espíritu santo en la gloria de Dios Padre, en la gloria,
en
la gloria, en la gloria de Dios Padre.
Te
alabamos, te-e bendecimos, te-e adoramos te glorifica-a-mos.
A-a-a-a-mén.
A-a-a-a-mén.
ORACIÓN COLECTA
Terminado
el himno, el Obispo, con las manos juntas, dice:
Oremos.
Después
el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración colecta:
Señor,
tú que te has querido ponerme al frente de tu familia no por mis
méritos, sino por pura generosidad de tu gracia, concédeme realizar
dignamente el ministerio episcopal y guiar, bajo tu amparo, la grey
que me has confiado. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive
y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los
siglos de los siglos.
El
pueblo aclama:
Amén.
LITURGIA DE LA PALABRA
PRIMERA LECTURA
(Is 61, 1-3a)
Lector: Lectura
del libro del profeta Isaías.
El espíritu
del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. El me envió a llevar la
buena noticia a los pobres, a vendar los corazones heridos, a proclamar la
liberación a los cautivos y la libertad a los prisioneros, a proclamar un año
de gracia del Señor, un día de venganza para nuestro Dios; a consolar a todos
los que están de duelo a cambiar su ceniza por una corona, su ropa de luto por
el óleo de la alegría, y su abatimiento por un canto de alabanza.
Lector: Palabra
de Dios.
℟.: Te alabamos, Señor.
SALMO RESPONSARIAL
(Sal
109)
℟. Tú
eres sacerdote para siempre segun el rito de Melquisedec.
Dijo el Señor a mi Señor:
Siéntate a mi derecha,
mientras yo pongo a tus enemigos
como estrado de tus pies. ℟.
El Señor extenderá
el poder de tu cetro:
¡Domina desde Sión,
en medio de tus enemigos! ℟.
Tú eres príncipe desde tu nacimiento,
con esplendor de santidad;
yo mismo te engendré como rocío,
desde el seno de la aurora. ℟.
El Señor lo ha jurado
y no se retractará:
Tú eres sacerdote para siempre,
a la manera de Melquisedec. ℟.
SEGUNDA LECTURA
(1 Cor 11, 23-26)
Lector: Lectura
de la primera carta de apóstol san Pablo a los Corintios.
Hermanos: Lo
que yo recibí del Señor, y a mi vez les he transmitido, es lo siguiente:
El Señor
Jesús, la noche en que fue entregado, tomó el pan, dio gracias, lo partió y
dijo: «Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria
mía.» De la misma manera, después de cenar, tomó la copa, diciendo: «Esta
copa es la Nueva Alianza que se sella con mi Sangre. Siempre que la beban,
háganlo en memoria mía.» Y así, siempre que coman este pan y beban esta
copa, proclamarán la muerte del Señor hasta que él vuelva.
Lector: Palabra
de Dios.
℟.: Te alabamos, Señor.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO
(ALELUYA)
ALELUIA, ALELUIA, ALELUIA!
ALELUIA, ALELUIA, ALELUIA!
EL QUE
QUIERA SERVIRME QUE ME SIGA,
Y DONDE YO
ESTÉ, ESTARÁ TAMBIÉN MI SERVIDOR.
ALELUIA, ALELUIA, ALELUIA!
ALELUIA, ALELUIA, ALELUIA!
Mientras
tanto, el sacerdote, cuando se utiliza incienso, lo coloca en el incensario. El
diácono, que proclamará el Evangelio, inclinándose profundamente ante el
sacerdote, pide en voz baja la bendición:
℣.: Padre, dame tu bendición.
El sacerdote dice en voz baja:
Pres.: El Señor
esté en tu corazón y en tus labios, para que anuncies dignamente su Evangelio;
en el nombre del Padre, y del Hijo ✠ y
del Espíritu Santo.
El diácono
hace la señal de la cruz y responde:
℣.: Amén.
Pero si no está presente el diácono, el
sacerdote, inclinado ante el altar, dice en secreto:
Purifica
mi corazón y mis labios, Dios todopoderoso, para que pueda anunciar dignamente
tu santo Evangelio.
EVANGELIO
(Jn 15, 9-17)
Después el diácono (o el sacerdote) va al
ambón, y dice:
℣.: El Señor esté con ustedes.
El diácono
(o el sacerdote), dice:
✠ Lectura
del santo Evangelio según san Juan.
y, mientras
tanto, hace la señal de la cruz sobre el libro y luego sobre sí mismo, en la
frente, la boca y el pecho.
℟.: Gloria
a ti, Señor.
Luego
el diácono o el sacerdote, si procede, inciensa el libro y proclama el
Evangelio.
℣.: Jesús dijo a sus discípulos: «Como el
Padre me amó, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor. Si
cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como yo cumplí los
mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
Les
he dicho esto para que mi gozo sea el de ustedes, y ese gozo sea
perfecto. Este es mi mandamiento: Ámense los unos a los otros, como yo los
he amado. No hay amor más grande que dar la vida por los amigos. Ustedes son
mis amigos si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo servidores, porque el
servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a
conocer todo lo que oí de mi Padre.
No
son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y
los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero. Así todo lo
que pidan al Padre en mi Nombre, él se lo concederá.
Lo
que yo les mando es que se amen los unos a los otros.
Cuando
termina el Evangelio, el diácono aclama:
Palabra
del Señor.
El
pueblo responde:
Luego
lleva el libro al Obispo, que lo besa en silencio y bendice al pueblo con el
canto del Aleluya.
HOMILÍA
Luego
se pronuncia la homilía, que es responsabilidad del sacerdote o diácono; Es
obligatorio todos los domingos y días festivos y también recomendado el resto
de días.
PLEGARIA UNIVERSAL
Pres.: En comunión con todos los que invocan el
nombre de Cristo, oremos a nuestro Padre, diciendo:
℟.: Dios de la vida, escúchanos.
1. Por la Iglesia universal, para que nuestro Señor Jesucristo derrame sobre su Iglesia muchas bendiciones, y ayude a que siga dando ejemplo de humildad y servicio, como Jesús enseñó a sus Apóstoles. Roguemos al Señor. ℟.
2. Por nuestro Papa, para que nuestro Señor Jesucristo bendiga e ilumine al Papa, en su labor Pastoral y así pueda seguir guiando al pueblo de Dios. Roguemos al Señor. ℟.
3. Por nuestro Obispo Estebam, para quea ejemplo de Jesucristo, el Buen Pastor, y con la fuerza del Espíritu Santo ejerza el ministerio episcopal que es oficio de amor, como sucesor de los Apóstoles, en comunión con el Papa y con el Episcopado universal, apacentando a esta Iglesia de Dios que peregrina en Colombia. Roguemos al Señor. ℟.
4. Por nosotros aquí reunidos, para que día a día nos comprometamos ser mejores cristianos, y dejemos de lado el egoísmo y la vanidad, para así poder acercarnos a recibir a Jesucristo, que se entrega como alimento de vida eterna, por amor a nosotros. Roguemos al Señor. ℟.
Pres.: Padre santo, que por la resurrección de tu hijo has
abierto las puertas de la salvación, escucha nuestras súplicas y ayúdanos a
cumplir siempre tu voluntad. Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟.: Amén.
LITURGIA EUCARISTÍCA
PRESENTACIÓN DE LOS DONES
Terminado lo anterior, comienza el canto para
el ofertorio. Mientras tanto, los ministros colocan sobre el altar el corporal,
el purificador, el cáliz, la palia y el misal.
Conviene
que los fieles expresen su participación en la ofrenda, bien sea llevando el
pan y el vino para la celebración de la Eucaristía, bien presentando otros
dones para las necesidades de la Iglesia o de los pobres.
El
sacerdote, de pie ante el altar, recibe la patena con el pan en las manos y,
levantándola un poco por encima del altar, dice la oración en silencio. Luego
coloca la patena con el pan sobre el corporal.
El
diácono o sacerdote vierte vino y un poco de agua en el cáliz, orando en
silencio.
Luego,
el sacerdote recibe el cáliz en sus manos y, levantándolo un poco por encima
del altar, dice la oración en silencio: luego, coloca el cáliz sobre el
corporal.
Luego
el sacerdote, profundamente inclinado, reza en silencio.
Y,
si procede, inciensar las ofrendas, la cruz y el altar. Después, el diácono u
otro ministro inciensa al sacerdote y al pueblo.
Luego, el sacerdote, de pie junto al altar, se lava las manos y dice la oración en silencio.
El
sacerdote, de pie en el centro del altar, dice:
Pres.: En el momento de ofrecer el sacrificio de toda la Iglesia, oremos a Dios, Padre todopoderoso.
El pueblo
se levanta y responde:
El Señor
reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para
nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Luego el sacerdote dice la oración sobre las ofrendas:
Pres.: Dios y
Padre providente, confirma los dones que por tu gracia me has
concedido y, por estas ofrendas, une al pueblo y al sacerdote en un
solo corazón, para que no le falte al pastor la obediencia de su
rebaño ni a los fieles la generosa solicitud de su pastor. Por
Jesucristo, nuestro Señor.
El pueblo
aclama:
Amén.
PREFACIO
EL SACERDOCIO DE CRISTO Y EL MINISTERIO DE LOS
SACERDOTES
El
sacerdote comienza la plegaria eucarística con el prefacio. Dice:
El Señor
esté con ustedes.
℟. Y
con tu espíritu.
El
sacerdote prosigue:
Levantemos
el corazón.
℟. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
El
sacerdote añade:
Demos
gracias al Señor, nuestro Dios.
℟. Es justo y necesario.
El
sacerdote prosigue el prefacio.
Pres.: En verdad
es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias
siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y
eterno.
Tú constituiste a tu único Hijo Pontífice de la Alianza nueva y eterna por la unción del Espíritu Santo, y determinaste, en tu designio salvífico, que su único sacerdocio se perpetuara en la Iglesia.
Él no sólo enriquece con el sacerdocio real al pueblo de los bautizados, sino también, con amor fraterno, elige a algunos hombres para hacerlos participar de su ministerio mediante la imposición de las manos.
Tus sacerdotes, Padre, renuevan en nombre de Cristo el sacerdocio de la redención humana, preparan a tus hijos el banquete pascual, guían en la caridad a tu pueblo santo, lo alimentan con tu palabra y lo fortalecen con tus sacramentos.
Ellos, al entregar su vida por ti, Padre, y por la salvación de los hermanos, deben configurarse a Cristo y dar testimonio constante de fidelidad y de amor.
Por eso,
Padre, con todos los ángeles y santos te alabamos, cantando con
alegría:
SANTO
(Santo
Misa Señora y Niña Mia)
SANTO,
SANTO, SANTO ES EL SEÑOR, DIOS DEL UNIVERSO. LLENOS ESTÁN EL CIELO Y LA
TIERRA DE TU GLORIA.
HOSANNA, HOSANNA, HOSANNA EN EL CIELO.
HOSANNA, HOSANNA, HOSANNA EN EL CIELO.
BENDITO
EL QUE VIENE EN EL NOMBRE DEL SEÑOR.
HOSANNA, HOSANNA, HOSANNA EN EL CIELO.
HOSANNA, HOSANNA, HOSANNA EN EL CIELO.
PLEGARIA EUCARÍSTICA III
El sacerdote dice:
Pres.: SANTO
eres en verdad, Padre, y con razón te alaban todas tus criaturas, ya que por
Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro, con la fuerza del Espíritu Santo, das vida
y santificas todo, y congregas a tu pueblo sin cesar, para que ofrezca en tu
honor un sacrificio sin mancha desde donde sale el sol hasta el ocaso.
Pres.: Por
eso, Padre, te suplicamos que santifiques por el mismo Espíritu estos dones que
hemos separado para ti, de manera que se conviertan en Cuerpo ✠ y Sangre de Jesucristo, Hijo tuyo y Señor
nuestro, que nos mandó celebrar estos misterios.
El relato de la institución de la Eucaristía
debe darse de forma clara y audible, como lo exige su naturaleza.
Pres.: Porque el
mismo, la noche en que iba a ser entregado,
Toma el pan
y, manteniéndolo un poco elevado sobre el altar, continúa:
tomó pan, y dando gracias te bendijo, lo
partió y lo dio a sus discípulos.
Muestra al pueblo la hostia consagrada, la
coloca en la patena y hace una genuflexión en adoración.
El sacerdote prosigue:
Pres.: Del
mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz,
Toma el
cáliz en sus manos y, manteniéndolo ligeramente elevado sobre el altar,
continúa:
y, dándote gracias de nuevo, lo pasó a sus
discípulos.
Muestra el cáliz al pueblo, la coloca sobre su
cuerpo y hace una genuflexión en adoración.
El sacerdote prosigue:
Pres.: Éste es el Misterio de la fe, Cristo nos
redimió.
℟.: Cada vez que comemos de este pan y bebemos de
este cáliz, anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.
Después, el
sacerdote, con las manos extendidas dice:
Pres.: Así, pues, Padre, al celebrar ahora el
memorial de la pasión salvadora de tu Hijo, de su admirable resurrección, y
ascensión al cielo, mientras esperamos su venida gloriosa, te ofrecemos, en
esta acción de gracias, el sacrificio vivo y santo.
Dirige tu
mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia, y reconoce en ella la Víctima por cuya
inmolación quisiste devolvernos tu amistad, para que, fortalecidos con el
Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y llenos de su Espíritu Santo, formemos en Cristo
un solo cuerpo y un solo espíritu.
1C: Que
él nos transforme en ofrenda permanente, para que gocemos de tu heredad junto
con tus elegidos: con Maria, la Virgen, Madre de Dios, los apóstoles y los
mártires, Maria del
Carmen y
todos los santos, por cuya intercesión confiamos obtener siempre tu ayuda.
2C: Te pedimos, Padre, que esta Víctima de
reconciliación traiga la paz y la salvación al mundo entero. Confirma en la fe
y en la caridad a tu Iglesia, peregrina en la tierra: a tu servidor, el Papa Juan
VI III, (S.S Leon), a nuestro obispo Mons Fr. Estebam, al orden episcopal, a
los presbíteros y diáconos, y a todo el pueblo redimido por ti.
Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu
presencia. Reúne en torno a ti, Padre misericordioso, a todos tus hijos
dispersos por el mundo.
†A nuestros hermanos difuntos, y a cuantos
murieron en tu amistad, recíbelos en tu Reino, donde esperamos gozar todos
juntos de la plenitud eterna de tu gloria, por Cristo Señor nuestro, por quien
concedes al mundo todos los bienes.
Toma la patena con el pan consagrado y el
cáliz y, sosteniéndolos elevados, dice:
Pres.: Por
Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu
Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.
El pueblo
aclama:
℟.: Amén,
Amen, Amen
RITO DE COMUNIÓN
Una vez que ha dejado el cáliz y la patena, el sacerdote, con las manos juntas,
dice:
Pres.: Fieles a la
recomendacion del salvvador, siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos
a Decir:
Junto con
el pueblo, continúa:
℟.: Padre
nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu
reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan
de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los
que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal
El
sacerdote prosigue él solo:
Pres.: Líbranos de todos los males, Señor, y
concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia,
vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras
esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
El pueblo
concluye la oración, aclamando:
℟.: Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria,
por siempre, Señor.
Después el sacerdote dice en voz alta:
Pres.: Señor
Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: "La paz les dejo, mi paz les
doy", no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y,
conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad.
El sacerdote junta sus manos y concluye:
Tú que vives y reinas por los siglos de los
siglos.
℟.: Amén.
El
sacerdote añade:
Pres.: La paz del
Señor esté siempre con ustedes
℟.: Y con tu espíritu.
Luego, si
se juzga oportuno, el diácono, o el sacerdote, añade:
℣.: Como hijos de Dios, intercambien ahora un
signo de comunión fraterna.
Y cada uno, según la costumbre del lugar, se
manifiesta entre sí paz, comunión y caridad; el sacerdote da la paz al diácono
y a los demás ministros.
Luego, el sacerdote parte el pan consagrado sobre la patena y coloca un
trozo en el cáliz, orando en silencio.
CORDERO DE DIOS
CORDERO DE DIOS QUE
QUITAS, EL PECADO DEL MUNDO,
TEN PIEDAD DE NOSOTROS,
TEN PIEDAD DE NOSOTROS.
CORDERO DE DIOS QUE
QUITAS, EL PECADO DEL MUNDO,
TEN PIEDAD DE NOSOTROS,
TEN PIEDAD DE NOSOTROS.
CORDERO DE DIOS QUE
QUITAS, EL PECADO DEL MUNDO,
DANOS LA PAZ, DANOS LA
PAZ,
DANOS DANOS, DANOS LA
PAZ,
DANOS DANOS, DANOS LA
PAZ.
El
sacerdote hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco
elevado sobre la patena, lo muestra al pueblo, diciendo:
Pres.: Éste es el Cordero de Dios, que quita el
pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
℟.: Señor, no soy digno de que entres en mi casa,
pero una palabra tuya bastará para sanarme.
Después de comulgar, el sacerdote se acerca a
los que quieren comulgar y les presenta el pan consagrado, diciendo a cada uno
de ellos:
℣.: El Cuerpo de Cristo.
El que va a comulgar responde:
℟.: Amén.
Si se comulga bajo las dos especies, se
observa el rito descrito en el misal de altar. Cuando el sacerdote comulga el
Cuerpo de Cristo, comienza el canto de comunión.
oportuno,
se pueden guardar unos momentos de silencio o cantar un salmo o cántico de
alabanza.
Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante unos momentos, a no
ser que este silencio ya se haya hecho antes.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración después de la
comunión.
Pres.: Oremos.
El sacerdote, con los brazos abiertos, dice la oración:
Dios todopoderoso y eterno, origen y
plenitud de todas las virtudes, concédeme, por la participación en este
misterio, la gracia de hacer el bien y predicar la verdad, para que, de
palabra y de obra, enseñe a los fieles el valor de tu gracia. Por
Jesucristo nuestro Señor.
El pueblo
aclama:
Amén.
RITO DE CONCLUSIÓN
BENDICIÓN SOLEMNE
El
celebrante recibe la mitra y, extendiendo las manos, dice:
El
Señor esté con ustedes.
Todos
responde:
Y con tu espíritu.
El
Obispo dice:
Dios Padre,
que por la resurrección de su Unigénito los ha redimido y les ha dado la
gracia de la adopción filial los colme con el gozo de su bendición.
Todos
responde:
Amén.
El Obispo
dice:
Cristo, que
por su redención les obtuvo la perfecta libertad, les conceda participar
de la herencia eterna.
Todos
responde:
Amén.
El Obispo
dice:
Y ustedes,
resucitados con él en el bautismo por la fe, por medio de una vida
santa puedan llegar a la patria celestial.
Todos
responde:
Amén.
Y bendice a
todo el pueblo añadiendo:
Y la
bendición de Dios todopoderoso, Padre ✠,
Hijo ✠,
y Espíritu ✠ Santo descienda sobre ustedes y permanezca
para siempre.
Todos
responde:
Amén.
Luego el
diácono, o el sacerdote, despide al pueblo con una de las fórmulas siguientes:
La alegría del Señor sea nuestra fuerza,
podemos ir en paz.
℟. Demos gracias a Dios.
CANTO DE SALIDA

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