1185. Antes de introducir al párroco en su parroquia, o en el acto mismo de tomar posesión, según la norma del derecho, hará la profesión de fe delante del Ordinario del lugar o de su delegado. 

1186. La introducción del párroco la hace el mismo Obispo, o su delegado, el día y hora más oportunos, con asistencia de los fieles según las costumbres locales, o de acuerdo con lo descrito más adelante. 

1187. Es conveniente que la introducción se haga con Misa, que será la del día, o la votiva del Titular de la iglesia, o del Espíritu Santo, según las rúbricas. El Obispo presidirá la Misa, y concelebrarán el nuevo párroco y otros presbíteros de la misma parroquia o del territorio. 

1188. Pero si por una causa justa el Obispo, está presente en la Misa sin que la celebre, es conveniente que por lo menos él presida la liturgia de la palabra y bendiga al pueblo al final de la Misa, como se dijo en los nn. 175-185. 

1189. Obsérvense, si existen, las costumbres locales. De lo contrario, según parezca, los ritos descritos más adelante pueden usarse en su totalidad o sólo en parte. 

1190. Donde las circunstancias lo permitan, el Obispo y el nuevo párroco pueden ser recibidos en los límites de la parroquia y ser conducidos procesionalmente hasta la puerta de la iglesia, donde el Obispo presenta brevemente al nuevo párroco y le entrega la llave de la iglesia.

1191. Es conveniente que el Evangelio sea anunciado por el párroco mismo, quien primero se acerca al Obispo, de él recibe el libro y pide la bendición. 

1192. En la homilía el Obispo explica a los fieles el ministerio del párroco y el significado de los ritos, que se desarrollarán inmediatamente después de la homilía. 

1193. Terminada la homilía, es recomendable que el párroco haga la renovación de las promesas de su ordenación sacerdotal.

CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA

RITOS INICIALES

La procesión de entrada se desarrolla como habitualmente en la misa episcopal con participación del pueblo. Precede el turiferario con el incensario, sigue un acólito con la cruz procesional. Si preside el Obispo de la diócesis (no, en cambio si el Auxiliar u otro Obispo) la cruz va acompañada, a poder ser, por siete acólitos con cirios. Sigue un diácono con el evangeliario, los otros diáconos, los celebrantes, el nuevo párroco y el Obispo con mitra y báculo bendiciendo al pueblo. Asistido por dos diáconos que van un poco más atrás del mismo.

Llegados al presbiterio el Obispo inciensa el altar como habitualmente asistido por los dos diáconos. Mientras tanto el nuevo párroco y los demás celebrantes ocupan sus lugares (el nuevo párroco a la derecha de la sede episcopal). Terminada la incensación del altar el Obispo se dirige a la sede desde donde preside la Eucaristía.

El Obispo introduce la celebración con algunas palabras que explican el sentido de la misma.


En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. 

. Amén.

La paz esté con ustedes.

. Y con tu espíritu.


ACTO PENITENCIAL

A continuación se hace el acto penitencial, al que el sacerdote invita a los fieles, diciendo:
Al comenzar esta celebración eucarística, pidamos a Dios que nos conceda la conversión de nuestros corazones; así obtendremos la reconciliación y se acrecentará nuestra comunión con Dios y con nuestros hermanos.

Pausa de silencio.

todos dicen en común la fórmula de la confesión general: 
Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión.  
Y, golpeándose el pecho, dicen:
Por mi culpa, por mi culpa, por mí gran culpa. 
Luego, prosiguen:
Por eso ruego a santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor. 

Sigue la absolución del sacerdote: 
Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna. 
℟. Amén.

SEÑOR, TEN PIEDAD
(Misa melódica)

SEÑOR TEN PIEDAD DE NOSOTROS
SEÑOR TEN PIEDAD DE NOSOTROS
DE NOSOTROS SEÑOR TEN PIEDAD
DE NOSOTROS SEÑOR TEN PIEDAD

CRISTO TEN PIEDAD DE NOSOTROS
CRISTO TEN PIEDAD DE NOSOTROS
DE NOSOTROS SEÑOR TEN PIEDAD
DE NOSOTROS SEÑOR TEN PIEDAD

SEÑOR TEN PIEDAD DE NOSOTROS
SEÑOR TEN PIEDAD DE NOSOTROS
DE NOSOTROS SEÑOR TEN PIEDAD
DE NOSOTROS SEÑOR TEN PIEDAD


GLORIA
(Misa melódica)

GLORIA, GLORIA, GLORIA,
GLORIA A DIOS EN EL CIELO,
Y EN LA TIERRA PAZ A LOS HOMBRES
QUE AMA EL SEÑOR.

TE ALABAMOS, TE BENDECIMOS,
TE ADORAMOS, TE GLORIFICAMOS,
TE DAMOS GRACIAS, SEÑOR,
POR TU INMENSA GLORIA,
TE DAMOS GRACIAS,
¡SEÑOR! ¡SEÑOR!,
DIOS REY CELESTIAL,
DIOS PADRE TODO PODEROSO. ℟.

SEÑOR, HIJO ÚNICO JESUCRISTO,
SEÑOR, DIOS CORDERO DE DIOS,
HIJO DEL PADRE,
TÚ QUE QUITAS EL PECADO DEL MUNDO,
TEN PIEDAD, TEN PIEDAD DE NOSOTROS,
TÚ QUE QUITAS EL PECADO DEL MUNDO,
ATIENDE A NUESTRAS SÚPLICAS,
ATIENDE A NUESTRAS SÚPLICAS,
TÚ QUE ESTÁS SENTADO A LA DERECHA DEL PADRE,
TEN PIEDAD, TEN PIEDAD DE NOSOTROS.

PORQUE SOLO TÚ ERES SANTO,
SOLO TÚ SEÑOR
SOLO TU ALTÍSIMO, JESUCRISTO.
CON EL ESPÍRITU SANTO,
EN LA GLORIA DE DIOS PADRE. ℟.

AMÉN.

Terminado el himno, el Obispo con las manos extendidas dice:
Oremos.

Señor, tú que te has querido poner a este hijo tuyo frente de tu familia no por sus méritos, sino por pura generosidad de tu gracia, concédele realizar dignamente el ministerio presbiteral y guiar, bajo tu amparo, la grey que sele a confiado. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.


LECTURA DEL NOMBRAMIENTO DEL PÁRROCO

A continuación el Canciller, o el Arcipreste, o el que provisionalmente administraba la parroquia, o el párroco saliente, o algún miembro del Consejo Parroquial lee el nombramiento del nuevo párroco que todos escuchan sentados.

Luego de la lectura del nombramiento, todos responden:
Demos gracias a Dios.

PROFESIÓN DE FE Y JURAMENTO

Luego de la lectura del nombramiento del nuevo párroco se arodillará frente al obispo y el párroco, permaneciendo así, hace la Profesión de Fe ante el obispo.

El obispo:
Querido hijo: Hoy se te encomienda la misión de dirigir el pueblo cristiano de esta Parroquia y de enseñarle lo que la Iglesia ha recibido de Jesucristo. Por ello, conviene que ahora, en presencia de este mismo pueblo que te escuchará, profeses públicamente aquella misma fe que les debes enseñar.

El nuevo párroco se arrodilla ante el Obispo y recita la siguiente profesión de fe: 
Yo, N., creo con fe firme y profeso todas y cada una de las cosas contenidas en el Símbolo de la fe, a saber:

Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible.

Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin.

Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén.

Creo, también, con fe firme, todo aquello que se contiene en la Palabra de Dios escrita o transmitida por la Tradición, y que la Iglesia propone para ser creído, como divinamente revelado, mediante un juicio solemne o mediante el Magisterio ordinario y universal.

Acepto y retengo firmemente, asimismo, todas y cada una de las cosas sobre la doctrina de la fe y las costumbres propuestas por la Iglesia de modo definitivo.

Me adhiero, además, con religioso obsequio de voluntad y entendimiento a las doctrinas enunciadas por el Romano Pontífice o por el Colegio de los Obispos cuando ejercen el Magisterio auténtico, aunque no tengan la intención de proclamarlas con un acto definitivo.

Luego colocando su mano derecha sobre el libro de los Evangelios que el Obispo tiene sobre sus manos, concluye diciendo: 
Que Dios me ayude y estos Santos Evangelios que toco con mis manos.

Inmediatamente terminada la profesión de fe, el nuevo párroco continúa de rodillas y hace el juramento de fidelidad. 
Yo, N., al asumir el Oficio de N., prometo mantenerme siempre en comunión con la Iglesia Católica, tanto en lo que exprese de palabra como en mi manera de obrar.

Cumpliré con gran diligencia y fidelidad las obligaciones a las que estoy comprometido con la Iglesia, tanto universal como particular, en la que he sido llamado a ejercer mi servicio según lo establecido por el Derecho. 

En el ejercicio del ministerio que me ha sido confiado en nombre de la Iglesia, conservaré íntegro el depósito de la fe y lo transmitiré y explicaré fielmente; evitando por tanto, cualquier doctrina que le sea contraria. 

Promoveré la disciplina común a toda la Iglesia y urgiré la observancia de todas las leyes eclesiásticas, ante todo aquellas contenidas en el Código de Derecho Canónico. 

Con obediencia cristiana acataré lo que enseñen los sagrados Pastores como doctores y maestros auténticos de la fe, y lo establezcan como guías de la Iglesia, y ayudaré fielmente al Obispo Diocesano para que la acción apostólica que he de ejercer en nombre y por mandato de la Iglesia, se realice siempre en comunión con ella. 

Luego colocando su mano derecha sobre el libro de los Evangelios que el Obispo tiene sobre sus manos, concluye diciendo: 
Que así Dios me ayude y estos Santos Evangelios que toco con mis manos.

LITURGIA DE LA PALABRA

Si la celebración no coincide con uno de los días que figuran en los números 1-6 de la Tabla de los días litúrgicos, pueden proclamarse como lecturas las siguientes especialmente apropiadas: Jr 1, 4-9; “a donde yo te envíe, irás”; Ps 18, 2-7 (R. A toda la Tierra alcanza tu pregón); I Cor 4, 1.5 “Servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios”; Mt 23, 8-12 “No se dejen llamar maestros, ni jefes. Uno solo es su maestro y Señor”, Cristo”. También pueden utilizarse las lecturas de la feria correspondiente al día en el cual se lleva a cabo de la celebración de la Toma de Posesión. 

El Evangelio, aunque haya diáconos, en este día conviene que lo proclame el nuevo párroco (Cf. Cerm. Episc. 1191) quien primero se acerca al Obispo que, después de haber puesto el incienso en el incensario, le entrega el evangeliario y luego le da la bendición como habitualmente. 

Después del Evangelio el Obispo hace la homilía en la que explica brevemente a los fieles el sentido de las lecturas proclamadas, la misión que recibe el nuevo párroco y el significado de los ritos que se desarrollarán inmediatamente después de la homilía.

PRIMERA LECTURA.

[Que permanezca en ustedes lo que han oído desde el principio.]
De la primera carta del apóstol san Juan 2, 22-28
Hijos míos: ¿Quién es el mentiroso, sino aquel que niega que Jesús es Cristo? Ese es el anticristo, porque niega al Padre y al Hijo. Nadie que niegue al Hijo posee al Padre; pero quien reconoce al Hijo, posee también al Padre.
Que permanezca, pues, en ustedes lo que desde el principio han oído. Si permanece en ustedes lo que han oído desde el principio, también ustedes permanecerán en el Hijo y en el Padre. Esta es la promesa que él mismo nos hizo: la vida eterna.
Les he escrito esto, pensando en aquellos que tratan de inducirlos al error. Recuerden que la unción que de él han recibido, permanece en ustedes y no necesitan enseñanzas de nadie; esta unción, que es verdad y no mentira, los ilustra a través de todas las cosas; permanezcan, pues, en él, como la unción les enseña. Así pues, hijos míos, permanezcan en él, para que, cuando él se manifieste, tengamos plena confianza y no nos veamos confundidos por él en el día de su venida. Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL del salmo 97

R. Cantemos la grandeza del Señor. Cantemos al Señor un canto nuevo, pues ha hecho maravillas. Su diestra y su santo brazo le han dado la victoria. R. El Señor ha dado a conocer su victoria y ha revelado a las naciones su justicia. Una vez más ha demostrado Dios su amor y su lealtad hacia Israel. R.
La tierra entera ha contemplado la victoria de nuestro Dios. Que todos los pueblos y naciones aclamen con júbilo al Señor. R.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Heb 1, 1-2

R. Aleluya, aleluya. En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios en el pasado a nuestros padres, por boca de los profetas. Ahora, en estos tiempos, nos ha hablado por medio de su Hijo. R. Aleluya.

EVANGELIO

[Viene después de mí alguien que existía antes que yo.]

Después el diácono (o el sacerdote) va al ambón, y dice:
.: El Señor esté con ustedes.

.: Y con tu espíritu.

El diácono (o el sacerdote), dice:
 Lectura del santo Evangelio según san Juan.

y, mientras tanto, hace la señal de la cruz sobre el libro y luego sobre sí mismo, en la frente, la boca y el pecho.
.: Gloria a ti, Señor.


Este es el testimonio que dio Juan el Bautista, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén a unos sacerdotes y levitas para preguntarle: “¿Quién eres tú?” Él reconoció y no negó quién era. Él afirmó: “Yo no soy el Mesías”. De nuevo le preguntaron: “¿Quién eres, pues? ¿Eres Elías?” Él les respondió: “No lo soy”. «¿Eres el profeta?» Respondió: “No”. Le dijeron: “Entonces dinos quién eres, para poder llevar una respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo?” Juan les contestó: “Yo soy la voz que grita en el desierto: ‘Enderecen el camino del Señor’, como anunció el profeta Isaías”.
Los enviados, que pertenecían a la secta de los fariseos, le preguntaron: “Entonces ¿por qué bautizas, si no eres el Mesías, ni Elías, ni el profeta?” Juan les respondió: “Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay uno, al que ustedes no conocen, alguien que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle las correas de sus sandalias”.
Esto sucedió en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde Juan bautizaba. Palabra del Señor.



RENOVACIÓN
DE SUS COMPROMISOS SACERDOTALES

Terminada la homilía, es recomendable que el párroco haga la renovación de las promesas de su ordenación sacerdotal. 
El Obispo lo interroga con estas palabras:
Querido hijo, renueva delante del pueblo, que se entrega a tu cuidado pastoral, el propósito que declaraste públicamente en tu ordenación. 

¿Estas dispuesto a desempeñar siempre el ministerio sacerdotal, como colaborador íntegro del Orden episcopal, apacentando el rebaño del Señor y bajo la dirección del Espíritu Santo? 
El párroco:
Sí, estoy dispuesto. 

¿Estás dispuesto a celebrar con devoción y fielmente la celebración de los misterios de Cristo, para alabanza de Dios y santificación del pueblo cristiano, según la tradición de la Iglesia? 
El párroco:
Sí, estoy dispuesto. 

¿Estas dispuesto a realizar el ministerio de la palabra, en la predicación del Evangelio y la exposición de la fe católica, dignamente y con sabiduría? 
El párroco:
Sí, estoy dispuesto. 

¿Quieres unirte cada día más estrechamente a Cristo, Sumo Sacerdote, que por nosotros se ofreció al Padre como víctima santa, y con él, tú mismo consagrarte a Dios para la salvación de los hombres? 
El párroco:
Sí quiero hacerlo, con la ayuda de Dios. 

Seguidamente, el elegido se acerca al Obispo y, de rodillas ante él, pone sus manos juntas entre las manos del Obispo.
El Obispo interroga al párroco, diciendo:
¿Prometes obediencia y respeto a mí y a mis sucesores? 
El párroco:
Si, Prometo. 

Dios, que comenzó en ti la obra buena, él mismo la lleve a término.

TOMA DE POSESIÓN 
DE LOS DIVERSOS LUGARES CELEBRATIVOS

Terminada la homilía, el pueblo permanece en sus lugares, mientras se organiza una pequeña procesión. Precede el turiferario, sigue la cruz procesional en medio de dos acólitos con cirios y finalmente el nuevo párroco y el Obispo asistido por dos diáconos.

PUERTA DE LA IGLESIA

En la puerta de la Iglesia el Obispo entrega al nuevo párroco las llaves del edificio mientras le dice:
Recibe las llaves de esta Iglesia como signo de autoridad. Cuida de abrirla oportunamente para que los fieles puedan acudir a celebrar los misterios cristianos y a orar en la presencia del Señor. Procura también que, en la misma forma que cuidas que las puertas de este templo estén abiertas, abras también, con tu palabra y con tu conducta, para Dios el corazón de los fieles. 

Mientras el párroco recibe las llaves el coro y el pueblo pueden entonar un canto apropiado. 

BAUTISTERIO

Llegados a la fuente bautismal el Obispo dice al nuevo párroco: 
Esta es la fuente de la vida que mana del costado de Cristo y limpia los pecados del mundo. Este es el seno materno de la santa Madre Iglesia que engendra hijos para la eternidad. En esta fuente bautismal harás renacer, por el agua y el Espíritu Santo, tanto los niños que te presenten los padres cristianos como los adultos que se conviertan a la fe.

El Obispo pone incienso en el incensario y lo bendice, luego el párroco inciensa la fuente bautismal mientras el coro y el pueblo entonan un canto apropiado.

CONFESIONARIO

Junto al confesionario el Obispo dice al nuevo párroco: 
Dios ha amado tanto al mundo que le ha entregado a su Hijo para que nadie perezca sino que todos tengan vida eterna. En este lugar el Señor, a través de tu ministerio, realizará maravillas en los corazones arrepentidos. Cuida, pues de reconciliar con Dios a los fieles que después del bautismo hayan recaído en el pecado y a aquellos que acudan a ti deseando convertirse más plenamente a Dios. Este es el trono de la gracia para alcanzar misericordia.

El Obispo invita al nuevo párroco a que se siente en el confesionario mientras el coro y el pueblo entonan un canto apropiado.

CAPILLA DE LA RESERVA EUCARÍSTICA

Si la Eucaristía se reserva en la nave central de la Iglesia, el siguiente rito se realiza al terminar la distribución de la comunión, de lo contrario sigue como a continuación se indica. 
Llegados a la capilla de la reserva eucarística el Obispo entrega al nuevo párroco la llave del sagrario diciendo: 
Recibe la llave de este sagrario preparado para reservar el Sacramento del cuerpo y la sangre santísimos de Jesucristo: Cuida de llevar la Eucaristía a los moribundos y a los demás enfermos; sé asiduo en adorar el Santísimo Sacramento del Altar y enseña a tus fieles a visitar a nuestro Señor Jesucristo, presente en la santa Eucaristía. Cuida que nunca deje de arder aquí una lámpara para señalar a los fieles la presencia del Señor. 

El Obispo pone incienso en el incensario (sin bendecirlo) en invita al nuevo párroco a incensar el Sacramento. Tanto el Obispo sin solideo como sus diáconos y el nuevo párroco se arrodillan durante la incensación. Mientras se inciensa, el coro y el pueblo pueden entonar algún canto a la Eucaristía.

SEDE PRESIDENCIAL

Terminada la procesión por los diversos lugares de la Iglesia el Obispo sentado en la Sede dice al nuevo párroco: 
En la persona del Obispo, Jesús, el buen Pastor, está presente en medio de su pueblo. Es él, en efecto, quien por medio de nosotros, sus ministros, continúa anunciando el Evangelio y presidiendo la oración de sus fieles. Tú, también, como cooperador de tu Obispo, ocupando este Sede, serás imagen de Jesucristo, predicarás su Evangelio y presidirás la oración de la Iglesia que se reúne en esta parroquia.

El Obispo entonces se levanta e invita al nuevo párroco a sentarse unos momentos en la Sede presidencial mientras el coro y el pueblo entonan un canto apropiado.

ALTAR

Finalmente, el Obispo invitar al nuevo párroco a besar el altar diciéndole: 
Esta es la mesa del Señor. Alrededor de la misma congregarás a los hijos de la Iglesia y, en nombre de Jesucristo, presidirás la Eucaristía para que tus fieles puedan unirse al sacrificio de Cristo y participen así de la Cena del Señor.

Concluido el rito de toma de posesión, tanto el Obispo como el nuevo párroco van a sus sedes respectivas.

LITURGIA EUCARÍSTICA


PRESENTACIÓN DE LOS DONES

(Ofertorio en Náhuatl)

Terminado lo anterior, comienza el canto para el ofertorio. Mientras tanto, los ministros colocan sobre el altar el corporal, el purificador, el cáliz, la palia y el misal.

Conviene que los fieles expresen su participación en la ofrenda, bien sea llevando el pan y el vino para la celebración de la Eucaristía, bien presentando otros dones para las necesidades de la Iglesia o de los pobres.

El sacerdote, de pie ante el altar, recibe la patena con el pan en las manos y, levantándola un poco por encima del altar, dice la oración en silencio. Luego coloca la patena con el pan sobre el corporal.

El diácono o el sacerdote vierte vino y un poco de agua en el cáliz, orando en silencio.

Luego, el sacerdote recibe el cáliz en sus manos y, levantándolo un poco por encima del altar, dice la oración en silencio; luego coloca el cáliz sobre el corporal.

Luego el sacerdote, profundamente inclinado, reza en silencio.

Y, si procede, se inciensan las ofrendas, la cruz y el altar. Después, el diácono u otro ministro inciensa al sacerdote y al pueblo.

Luego, el sacerdote, de pie junto al altar, se lava las manos y dice la oración en silencio.

Pres.: En el momento de ofrecer el sacrificio de toda la Iglesia, oremos a Dios, Padre todopoderoso.

El pueblo se levanta.

℟.: El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Pres.: Dios y Padre providente, confirma los dones que por tu gracia me has concedido y, por estas ofrendas, une al pueblo y al sacerdote en un solo corazón, para que no le falte al pastor la obediencia de su rebaño ni a los fieles la generosa solicitud de su pastor. Por Jesucristo, nuestro Señor.

℟.: Amén.

PREFACIO

EL SACERDOCIO DE CRISTO Y EL MINISTERIO DE LOS SACERDOTES

 

El sacerdote comienza la plegaria eucarística con el prefacio. Dice:

El Señor esté con ustedes.

. Y con tu espíritu.


El sacerdote prosigue:

Levantemos el corazón.

. Lo tenemos levantado hacia el Señor.


El sacerdote añade:

Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

. Es justo y necesario.

El sacerdote prosigue el prefacio.
Pres.: 
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.

Tú constituiste a tu único Hijo Pontífice de la Alianza nueva y eterna por la unción del Espíritu Santo, y determinaste, en tu designio salvífico, que su único sacerdocio se perpetuara en la Iglesia.

Él no sólo enriquece con el sacerdocio real al pueblo de los bautizados, sino también, con amor fraterno, elige a algunos hombres para hacerlos participar de su ministerio mediante la imposición de las manos.

Tus sacerdotes, Padre, renuevan en nombre de Cristo el sacerdocio de la redención humana, preparan a tus hijos el banquete pascual, guían en la caridad a tu pueblo santo, lo alimentan con tu palabra y lo fortalecen con tus sacramentos.

Ellos, al entregar su vida por ti, Padre, y por la salvación de los hermanos, deben configurarse a Cristo y dar testimonio constante de fidelidad y de amor.

Por eso, Padre, con todos los ángeles y santos te alabamos, cantando con alegría:


SANTO

(Santo Misa Señora y Niña Mia)


SANTO, SANTO, SANTO ES EL SEÑOR, DIOS DEL UNIVERSO. LLENOS ESTÁN EL CIELO Y LA TIERRA DE TU GLORIA.

HOSANNA, HOSANNA, HOSANNA EN EL CIELO. 

HOSANNA, HOSANNA, HOSANNA EN EL CIELO.

BENDITO EL QUE VIENE EN EL NOMBRE DEL SEÑOR.

HOSANNA, HOSANNA, HOSANNA EN EL CIELO. 

HOSANNA, HOSANNA, HOSANNA EN EL CIELO.


PLEGARIA EUCARÍSTICA III

 
El sacerdote dice:
Pres.:
 SANTO eres en verdad, Padre, y con razón te alaban todas tus criaturas, ya que por Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro, con la fuerza del Espíritu Santo, das vida y santificas todo, y congregas a tu pueblo sin cesar, para que ofrezca en tu honor un sacrificio sin mancha desde donde sale el sol hasta el ocaso.
 
Pres.: Por eso, Padre, te suplicamos que santifiques por el mismo Espíritu estos dones que hemos separado para ti, de manera que se conviertan en Cuerpo  y Sangre de Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro, que nos mandó celebrar estos misterios.
 
El relato de la institución de la Eucaristía debe darse de forma clara y audible, como lo exige su naturaleza.
Pres.: 
Porque el mismo, la noche en que iba a ser entregado,

Toma el pan y, manteniéndolo un poco elevado sobre el altar, continúa:
tomó pan, y dando gracias te bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos.


Muestra al pueblo la hostia consagrada, la coloca en la patena y hace una genuflexión en adoración.
 
El sacerdote prosigue:
Pres.: 
 Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz,

Toma el cáliz en sus manos y, manteniéndolo ligeramente elevado sobre el altar, continúa:
y, dándote gracias de nuevo, lo pasó a sus discípulos.


Muestra el cáliz al pueblo, la coloca sobre su cuerpo y hace una genuflexión en adoración.
 
El sacerdote prosigue:
Pres.:
 Éste es el Misterio de la fe, Cristo nos redimió.
.: Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.

 

Después, el sacerdote, con las manos extendidas dice:
Pres.:
 Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la pasión salvadora de tu Hijo, de su admirable resurrección, y ascensión al cielo, mientras esperamos su venida gloriosa, te ofrecemos, en esta acción de gracias, el sacrificio vivo y santo.
 
Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia, y reconoce en ella la Víctima por cuya inmolación quisiste devolvernos tu amistad, para que, fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y llenos de su Espíritu Santo, formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu.
 
1C: Que él nos transforme en ofrenda permanente, para que gocemos de tu heredad junto con tus elegidos: con Maria, la Virgen, Madre de Dios, los apóstoles y los mártires,  Maria del Carmen  y todos los santos, por cuya intercesión confiamos obtener siempre tu ayuda.

 
2C: Te pedimos, Padre, que esta Víctima de reconciliación traiga la paz y la salvación al mundo entero. Confirma en la fe y en la caridad a tu Iglesia, peregrina en la tierra: a tu servidor, el Papa Juan Pablo II, (S.S Leon), a nuestro obispo Mons Fr. Estebam, al orden episcopal, a los presbíteros y diáconos, y a todo el pueblo redimido por ti.
 
Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia. Reúne en torno a ti, Padre misericordioso, a todos tus hijos dispersos por el mundo.



A nuestros hermanos difuntos, y a cuantos murieron en tu amistad, recíbelos en tu Reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria, por Cristo Señor nuestro, por quien concedes al mundo todos los bienes.
 
Toma la patena con el pan consagrado y el cáliz y, sosteniéndolos elevados, dice:
Pres.:
 Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.

El pueblo aclama:
.: Amén, Amen, Amen



RITO DE COMUNIÓN

 
Una vez que ha dejado el cáliz y la patena, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
Pres.: 
Fieles a la recomendacion del salvvador,  siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a Decir:


Junto con el pueblo, continúa:
.: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal


El sacerdote prosigue él solo:
Pres.:
 Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.

El pueblo concluye la oración, aclamando:
.: Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.

Después el sacerdote dice en voz alta:
Pres.:
 Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: "La paz les dejo, mi paz les doy", no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad.
El sacerdote junta sus manos y concluye:
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
.: Amén.


El sacerdote añade:
Pres.: 
La paz del Señor esté siempre con ustedes
.: Y con tu espíritu.



Luego, si se juzga oportuno, el diácono, o el sacerdote, añade: 

.: Como hijos de Dios, intercambien ahora un signo de comunión fraterna.



Y cada uno, según la costumbre del lugar, se manifiesta entre sí paz, comunión y caridad; el sacerdote da la paz al diácono y a los demás ministros.
 
Luego, el sacerdote parte el pan consagrado sobre la patena y coloca un trozo en el cáliz, orando en silencio.



CORDERO DE DIOS

(Misa Señora y Niña Mia)



CORDERO DE DIOS QUE QUITAS, EL PECADO DEL MUNDO,

TEN PIEDAD DE NOSOTROS,

TEN PIEDAD DE NOSOTROS.


CORDERO DE DIOS QUE QUITAS, EL PECADO DEL MUNDO,

TEN PIEDAD DE NOSOTROS,

TEN PIEDAD DE NOSOTROS.


CORDERO DE DIOS QUE QUITAS, EL PECADO DEL MUNDO,

DANOS LA PAZ, DANOS LA PAZ, 

DANOS DANOS, DANOS LA PAZ,

DANOS DANOS, DANOS LA PAZ.



El sacerdote hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevado sobre la patena, lo muestra al pueblo, diciendo:
Pres.:
 Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
.: Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.



COMUNIÓN

 
Después de comulgar, el sacerdote se acerca a los que quieren comulgar y les presenta el pan consagrado, diciendo a cada uno de ellos:
.: El Cuerpo de Cristo.
El que va a comulgar responde:
.: Amén.
 
Si se comulga bajo las dos especies, se observa el rito descrito en el misal de altar. Cuando el sacerdote comulga el Cuerpo de Cristo, comienza el canto de comunión.

oportuno, se pueden guardar unos momentos de silencio o cantar un salmo o cántico de alabanza.
Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante unos momentos, a no ser que este silencio ya se haya hecho antes.



ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

 
Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración después de la comunión.
Pres.: 
Oremos.
El sacerdote, con los brazos abiertos, dice la oración: